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 ¿Funcionan los castigos? ¿Estáis seguros? Quizás en algún momento hayamos sido capaces de corregir una conducta disruptiva aplicando un castigo, sin embargo, ¿qué consecuencias tiene aplicar el castigo como una herramienta habitual para educar? La primera es que estamos centrando nuestra atención en lo negativo, es aquellas conductas que queremos evitar; por no hablar de los valores que estamos inculcando a los más pequeños, validando el castigo como una forma de relacionarse.

 

¿Existe alguna herramienta alternativa al castigo? La respuesta es sí, existen múltiples alternativas al castigo; mi preferida y una de las que considero más importantes es precisamente la opuesta al castigo: reforzar el buen comportamiento. Reforzar significa recompensar y recompensamos cuando damos algo valioso tras la realización de una conducta o acción que consideramos adecuada y que por lo tanto queremos fomentar.

¿Qué podemos utilizar para reforzar? Existen recompensas de todo tipo: materiales, comestibles, privilegios, felicitaciones… Sin embargo, la más valorada por todos es el reconocimiento de los demás. Algunos ejemplos de recompensas eficaces son: acompañar a nuestro hijo en alguna actividad, ya sea jugar a su juego preferido o ver un rato la tele con él, darle una responsabilidad, un privilegio, decirle que lo ha hecho bien o felicitarlo. Por el contrario son recompensas menos eficaces lo juguetes u otros premios materiales, la comida, o una felicitación acompañada de un reproche.

Para hacer bien su función como reforzadores la recompensa debe:

  1. Ser proporcionada a la conducta que queremos reforzar. No tiene mucho sentido regalarle una Play Station por haber ayudado a poner la mesa cuando se lo hemos pedido.
  2. Ir en sintonía con el comportamiento reforzado. Siguiendo con el ejemplo anterior una buena recompensa tras haber puesto la mesa sería elegir el postre.
  3. Tener en cuenta sus gustos. Deberemos tener su postre preferido preparado para la ocasión.
  4. Darse tras la realización de la conducta adecuada; en ningún caso debemos utilizarla como moneda de cambio. Es decir, una vez puesta la mesa le decimos que como recompensa a lo bien que ha puesto la mesa hoy podrá elegir el postre que prefiera; en lugar de decirle que si pone la mesa podrá elegir el postre.

¿En qué ocasiones es recomendable reforzar? Siempre y cuando sea necesario. Es decir, no debemos premiar cada cosa que hace, porque lo único que conseguiremos es que esas palabras de reconocimiento pierdan su valor. Por el contrario, reforzaremos el esfuerzo, un pequeño progreso y una actitud positiva nueva. No es necesario esperar a que lo haga genial para recompensarle; cuando nos planteamos un objetivo debemos reforzar aquellas conductas que se aproximan a la que queremos conseguir. Además deberemos reforzar inmediatamente después de que el niño realice la acción que estamos intentando fomentar.

En resumen, conseguiremos motivar un comportamiento adecuado en el niño si asociamos las acciones que creemos beneficiosas con la recompensa de que se sienta satisfecho y reconocido.